Masturbarte no es simplemente tocarte. No es una práctica para matar el tiempo, ni una actividad solitaria que se esconde como si fuera vergonzosa. No, mi amor. Es un ritual sagrado, un acto de poder, un viaje íntimo hacia vos misma. Es la manera más directa de recordarte que tu cuerpo te pertenece, que tu placer no se le debe a nadie, y que podés encenderte por vos, para vos y con vos.
Y si aprendés a hacerlo con intención, con fuego y con amor, vas a ver cómo cambia tu energía, tu humor, tu piel… y hasta la manera en la que te mirás en el espejo.
¿Hace cuánto no te tocás sin apuro? ¿Sin culpa? ¿Sin pensar en alguien más que vos?
Muchas mujeres solo se masturban rápido, entre tareas o para dormir mejor. Pero acá no venimos a “sacarnos las ganas”, venimos a habitar nuestro cuerpo con presencia.
Transformá ese momento en un ritual, como quien se prepara para un hechizo. Vos sos la bruja, el altar y el fuego.
Sí, el entorno importa. Tu habitación se puede volver un santuario sensual si lo deseás. Apagá luces duras. Prendé velas. Poné música que te acaricie. Usá aceites, sábanas limpias, perfume en tus muñecas. Desnuda tu cuerpo como si lo estuvieras desvistiendo para hacerle el amor a tu alma.
Esto no es porno. Esto es poesía carnal.
La mente va a querer ir rápido, buscar el orgasmo, terminar.
Pero hoy no viniste por un final. Viniste por el viaje.
Tocate como si fuera la primera vez. Explorate. Sentí la piel. Los senos. Las piernas. El cuello. El pubis. El clítoris. Pero no te apures.
Dejá que el deseo te encuentre, no lo corras.
Esto es poderoso. Mientras explorás tu cuerpo, decite frases en voz alta o en silencio:
¿Te imaginás acabar con una frase así en los labios? Yo sí. Y es… fuego puro.
Un buen vibrador, una varita mágica, un dildo de cristal o silicona… no son para reemplazar tu mano, ni a una pareja. Son herramientas que amplifican tu energía sexual, como una extensión de tu deseo.
Probá posiciones. Probá ritmos. Probá hacer pausas. Dejá que el juguete estimule, pero que tu mente y tus emociones acompañen. No seas una espectadora: sé la directora de tu propia escena.
Sí, la masturbación consciente puede traer emociones profundas.
Tal vez llores después de un orgasmo intenso. O te rías. O sientas que algo dentro tuyo se liberó. Eso es sanación. Eso es reconexión.
Tu energía sexual está conectada con tu energía vital. Cuanto más libre esté, más fuerte vas a sentirte en todo.
No te toques porque “toca”. Tocáte porque querés habitarte, porque querés sentirte viva, caliente, deseada… por vos misma.
Y si hoy no tenés ganas, también está bien. La libertad también es elegir cuándo no.
Ayy… este tema me hace temblar el corazón. Porque por años me toqué con culpa, escondida, rápida, para no “quedarme con ganas”. Hasta que entendí que mi clítoris no era un botón, era una brújula.
Una guía que me conecta conmigo, que me recuerda quién soy cuando me apago por el afuera.
Ahora, cuando me masturbo con conciencia, es como si el mundo entero se quedara en silencio y solo quedáramos yo y mi deseo. Y eso, querida, no tiene precio.
¿Te pasa algo parecido? ¿Alguna vez lloraste después de un orgasmo sola? ¿Usás la masturbación para sanar, para reencontrarte?
Contame, que me encanta leerte… y vos también merecés este ritual de placer. 🌙🔥
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