Hay cuerpos que aprendieron a esconderse. Cuerpos que crecieron entre miradas que juzgan, palabras que lastiman, y silencios que pesan como piedras sobre la piel. Muchas mujeres —antes de convertirse en escort VIP argentina o en una de las tantas putas CABA que trabajan con inteligencia, dulzura y firmeza— vivieron años de distancia con su propio cuerpo. Lo vieron como un problema, una carga, un objeto extraño que había que controlar o complacer a otros. Pero hay algo poderoso que ocurre cuando, desde el trabajo, empezamos a volver a nosotras.
Sanar tu relación con tu cuerpo mientras trabajás como escort no es una contradicción: puede ser una revolución suave. Porque este oficio, si se hace con conciencia, puede convertirse en un ritual de reconexión. Cada encuentro, cada caricia que das o recibís con presencia, puede ser una forma de decirle a tu cuerpo: yo te habito, yo te agradezco, yo no te abandono más.
No es automático. No sucede de un día para el otro. A veces, incluso después de una cita que parecía placentera, volvés a casa y sentís que algo se te quedó pegado, que el cuerpo no era tuyo del todo. Pero ahí empieza el verdadero trabajo: recuperarte. No solo físicamente, sino también energéticamente. Con pequeños rituales que son tuyos y de nadie más. Un baño caliente con tus aromas preferidos. Un aceite corporal que usás como si fuera un bálsamo sagrado. Mirarte al espejo y tocarte el vientre, las caderas, los muslos, como si fueran flores que volvés a reconocer. Decirte con los dedos: no sos mercancía, sos templo.
Sanar no es negar que el trabajo a veces duele. Es aceptar que tu cuerpo merece ser cuidado después de haber dado. Que no se trata solo de lo que los demás ven o desean, sino de cómo vos te sentís al final del día. Y si hubo un cliente que te miró con ternura, que te tocó con respeto, entonces agradecelo. No como si te hiciera un favor, sino como si te ayudara a recordar que sí existen toques que no hieren. Que sí es posible sentirse deseada sin ser usada.
Pero sobre todo, sanás cuando vos misma te volvés tu amante. Cuando elegís ropa interior que te gusta a vos, no a él. Cuando comés lo que te nutre. Cuando dormís desnuda y abrazás tu almohada como si fuera un cuerpo que no pide, solo contiene. Cuando te explorás sin apuro, sin obligación, solo porque querés recordarte que el placer también es tuyo.
El cuerpo guarda memoria. Y muchas veces, esa memoria está llena de miedo, de culpa, de exigencia. Pero también puede llenarse de nuevos significados. Cada cita donde te sentís segura. Cada noche en que decís que no. Cada vez que te cuidás, que ponés un límite, que te elegís… tu cuerpo lo registra. Y con cada pequeño gesto de amor, de autocuidado, de ternura, vas reescribiendo la historia. Una historia donde tu cuerpo no es un territorio conquistado por otros, sino una casa en la que volvés a habitar con amor.
No hace falta que lo cuentes. No hace falta que nadie lo sepa. Basta con que vos lo sientas. Que un día te mires al espejo y no te veas como un cuerpo que da, sino como una mujer que se da permiso para sanar, para gozar, para elegir. Entonces, el trabajo deja de ser solo oficio y se vuelve medicina. Porque el deseo también puede curar, si nace desde vos.
Tu cuerpo es tu casa más antigua y más sabia. No necesita ser perfecto, solo necesita que vuelvas a habitarlo con ternura. ¿Qué rituales te ayudan a sentirte en paz con tu piel? Compartilos en los comentarios. Podés ser inspiración para otra que esté empezando a volver a sí misma.
Marzo ya se siente distinto. La ciudad vuelve a latir.Los mensajes empiezan a entrar otra…
Hermana, marzo no es solo el mes donde “empieza todo”.Es el mes donde se ve…
El Carnaval de Río es una de las celebraciones más reconocidas del mundo. Su magnitud…
San Valentín no me regala: yo elijo a quién le doy mi fuego Hermana, cada…
El verano no solo cambia la temperatura del aire, también modifica la forma en que…
El verano llega como una ola tibia que cambia la forma de todo, también del…